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La tradición de películas sobre profesores, vocacionales e inspiradores, que han de controlar a chicos problemáticos (desde “Rebelión en las aulas”, 1967, a “Lecciones inolvidables”, 1988) siempre ha tenido cierta intención de reflejar la realidad social de la juventud, los conflictos generacionales y las dificultades del proceso educativo. Basada en el libro autobiográfico de François Bégaudeau (que, para más veracidad, interpreta al protagonista) y ganadora de la Palma de Oro en Cannes, “La clase” es un drama social con una original concepción estética (colorida y cercana), un ritmo ágil (buen montaje de Robin Campillo y Stephanie Leger) y una serie de temas relevantes como la implantación de una displina responsable en la relación profesor-alumnos. Además “La clase” no cede tampoco a las convenciones y concesiones propias del género (esa transformación claramente visible de alumnos o profesor), no hay finales felices ni tristes, sólo la vida y una necesidad de convivir lo mejor que podamos, respetando y comprendiendo.

François (François Bégaudeau) enseña lengua francesa en un intituto con alumnos de diferentes culturas y procedencias. Su concepción de la educación le hará tener ciertos problemas.

El realizador francés Laurent Cantet, que ya había reflexionado con éxito sobre el mundo laboral (“Recursos humanos”, 1999, y “El empleo del tiempo”, 2001), hacía su propia versión del género armándose de realismo casi documental, sinceridad, crítica a un sistema educativo que busca crear individuos sin voluntad y una emotividad que surge de la cercanía y la empatía con unos personajes y unas situaciones arrancadas del mundo real (los jóvenes son verdaderos alumnos del instituto donde se rodó). Mientras Sarkozy promulgaba en el congreso el concepto de ‘nueva identidad’ como medida de presión para que los extranjeros adoptaran las costumbres galas, dejando para el ámbito privado los rasgos de la cultura de su país de origen, Cantet y Bégaudeau abogan por la integración, el entendimiento y la colaboración, por mantener los rasgos identificatorios y aceptar los de los demás.


– Para profesores que saben que otra educación es posible.

– Imprescindible para amantes del cine realista.

 

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