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Como demostró su posterior carrera en el documental (y en oposición a su obra literaria, abundante en antropología esotérica, sucesos paranormales o ufología), los intereses de Juan García Atienza pasaban por plasmar la realidad; y qué mejor manera que al modo del Neorrealismo Italiano, pero sin olvidar esa comedia patria cargada de ironía, sátira y crítica social que estaba dando obras maestras como “El cochecito” (1960) o “El verdugo” (1963). Así, “Los dinamiteros” es una coproducción hispano-italiana que bebe de los elementos comunes de estas dos cinematografías (entre “Rufufú”, 1958, y “Atraco a las tres”, 1962); con una trama sencilla pero atractiva, una efectiva fotografía en blanco y negro (a cargo del también reivindicable Juan Mariné), envuelta en la excelente banda sonora de Piero Umiliani (autor de la archiconocida ‘Mah nà mah nà’) y con un entrañable trío protagonista donde destaca uno de los hitos del humor español: Pepe Isbert.

Don Benito (José Isbert), Doña Pura (Sara García) y Don Augusto (Carlo Pisacane) son tres jubilados que intentan pedir un crédito para ayudar a que un amigo enfermo tenga un entierro digno. Pero conseguir el dinero no será tan fácil como podía parecer.

Su tono de comedia crepuscular agridulce y su escasa difusión hicieron que “Los dinamiteros” no tuviese mucha repercusión en el momento de su estreno (y que su director no repitiese en el largo de ficción), aunque el tiempo la ha puesto en el lugar que se merece. Juan García Atienza pasea su cámara por el empobrecido Madrid de principios de los 60, logrando una impagable estampa no solo de sus calles, sino también de sus gentes y sus costumbres; pero a la vez relata una historia universal y atemporal que nos habla de vejez y olvido, de penurias económicas y ‘lucha contra el sistema’. Conmovedora e incisiva, esta perla escondida de una época imprescindible para la comedia española también puede ser disfrutada como una parodia del subgénero de atracos, revisitando elementos del cine negro a golpe de picaresca castiza, pensionistas, humor amable y realidad social.


– Para interesados en la historia oculta del cine español.

– Imprescindible para amantes de la comedia española (e italiana) de los 50 y 60.

 

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