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En plena fiebre del cine de terror español (avivada por la posibilidad de esquivar a la censura tardofranquista), el director barcelonés Jorge Grau (que ya había dado al género otra obra de culto: “Ceremonia sangrienta”, 1973) recibió el encargo de rodar una versión bastarda de la aún reciente “La noche de los muertos vivientes” (1968). El resultado fue esta co-producción hispano-italiana, rodada en la campiña inglesa, que supuso el mayor hito del cine ibérico de zombies (con permiso de “La noche del terror ciego”, 1972); un algo desfasado, pero irresistible, espectáculo donde no faltan buenas cantidades de gore, sustos y sensualidad, que no se limita a reproducir el clásico de George A. Romero, sino que introduce temas de relevancia en la época (como la ecología o la confrontación entre el pensamiento tradicional y el ‘hippismo’ de la juventud), creando además una atmósfera con personalidad propia.

En una gasolinera a las afueras de Manchester, Edna (Cristina Galbó) tiene un accidente con la motocicleta de George (Ray Lovelock). Tras ofrecerse a llevarlo serán testigos de una serie de extraños acontecimientos.

Su exótico reparto, sus atractivos efectos visuales (del ya mítico Giannetto De Rossi), su dosificada tensión y su buen uso de las neblinosas localizaciones donde trascurre la acción ayudaron a que este film de bajo presupuesto con el rimbombante título de “No profanar el sueño de los muertos” se convirtiese en un éxito internacional dentro de los circuitos de cine de género; influenciando desde el cine de explotación italiano (el Lucio Fulci de “Nueva York bajo el terror de los zombi”, 1979, o “Aquella casa al lado del cementerio”, 1981) hasta revisitaciones británicas posmodernas del cine de muertos vivientes (“28 días después”, 2002, o “Zombies Party”, 2004). El espectador impaciente, criado con zombies saltarines y pirotécnicas escenas de acción, puede sentirse defraudado, pero eso no quita para que estemos ante una de las piezas más importantes del cine de terror español, impregnada de ingenuidad e imaginación, a veces inverosímil y otras entrañable.


– Para interesados en el cine de zombies.

– Imprescindible para ahondar en el cine de terror español.

 

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