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Amigos desde que Joel participase como asistente de montaje en su debut oficial (“Posesión infernal”, 1981), el realizador estadounidense Sam Raimi (“Terroríficamente muertos”, 1987, “Darkman”, 1990, o “Spider-Man”, 2002) unió fuerzas con los hermanos Coen (que acaban de estrenar su primer largo: “Sangre fácil”, 1985, con el que guarda evidentes paralelismos) en este demencial festival de humor físico, gags visuales y crímenes violentos que pasó desapercibido en el momento de su estreno (en parte debido a su restringida difusión), pero cuyo culto ha ido en aumento. “Ola de crímenes… ola de risas” es una comedia macabra que comienza como una clásica historia de cine negro para evolucionar en un descontrolado, burlesco y desacomplejado espectáculo cinematográfico con unos memorables psicópatas asesinos, personajes y situaciones de cartoon (con un excelente Bruce Campbell como mujeriego chulesco) y una lugubre concepción estética que evoca el cine de terror urbano de los 70.

Durante una noche tormentosa, Ernest Trend (Edward R. Pressman) contrata a unos ‘exterminadores’ (Brion James y Paul L. Smith) para que maten a su socio en una empresa de seguridad. Pero el encargo no tardará en volverse contra él mismo.

Raimi y los Coen hacen un recorrido por clichés reconocibles (argumentales, temáticos, …) de diversos géneros (horror, parodia, acción, romance, …), tejiendo una trama irregular pero repleta de secuencias imaginativas y divertidas (como esa huida a través del pasillo de puertas); donde caben numerosas referencias cinéfilas (incluidas conexiones con films de sus autores) que la emparentan con clásicos de la comedia de terror y el ‘slapstick’ (Abbott y Costello, los Tres Chiflados, …). “Ola de crímenes… ola de risas” es cine de ‘psycho-killers’ con forma de dibujos animados, un thriller criminal que parece imaginado por Tex Avery o Bob Clampett (con gesticulación excesiva, movimientos imposibles, golpes brutales, humor surrealista, curiosos efectos sonoros, …) y solo por eso ya merece la pena acercarse a esta joya tan olvidada como reivindicable.


– Para coleccionistas de comedias negras y parodias genéricas.

– Imprescindible para conocer los inicios de Sam Raimi y los hermanos Coen.

 

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