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A pesar de la inmensa popularidad de sus obras, lo cierto es que apenas hay películas memorables basadas en novelas de Julio Verne: las joyas animadas del checo Karel Zeman (“Una invención diabólica”, 1958) y un puñado de films de aventuras para toda la familia que poblaron las pantallas de los años 50. Así, tras éxitos como “20.000 leguas de viaje submarino” (1954) o “La vuelta al mundo en 80 días” (1956), llegó “Viaje al centro de la Tierra”, un divertimento colorido y liviano, aderezado con acción, romance, comedia, fantasía y ciencia-ficción. Mientras los autocines se llenaban con producciones de serie B pobladas de monstruos nucleares e invasiones alienígenas, los grandes estudios apostaban por el aliento clásico decimonónico de Verne; reuniendo a estrellas internacionales, profesionales míticos de la industria (estupenda banda sonora de Bernard Herrmann) e invirtiendo en unos desfasados pero entrañables efectos especiales.

Tras encontrar unos antiguos escritos, el profesor Oliver Lindenbrook (James Mason) viajará junto a uno de sus alumnos (Pat Boone) a Islandia, buscando la entrada al centro de la Tierra.

En la dirección estaba el sólido realizador de cine de género Henry Levin (“El hombre de mis amores”, 1948, “Mister Scoutmaster”, 1953, o “Una esposa para dos”, 1962) y el prestigioso guionista, ganador de tres Oscars, Charles Brackett (inolvidable colaborador de Billy Wilder en las dramáticas “Días sin huella”, 1945, o “El crepúsculo de los dioses”, 1950) ejercía también de productor de este improbable periplo subterráneo que reunía todas las características argumentales necesarias para encandilar al público (apuestos héroes, monstruos antidiluvianos, escenarios imposibles, situaciones límite, …) y ponía al frente a Pat Boone, uno de los más populares cantantes de pop para adolescentes de la época. “Viaje al centro de la Tierra” cumplió las expectativas y se convirtió en uno de los grandes taquillazos del año, propiciando la aparición de otras disfrutables adaptaciones del autor francés como “La isla misteriosa” (1961) o “Los hijos del capitán Grant” (1962).


– Para los que no han leído la novela de Verne (y también para los que si).

– Imprescindible para los que disfrutan con la aventuras fantásticas, ingenuas pero irresistibles.

 

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