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Aunque aún gozaría de varios éxitos de taquilla durante los años 80 (como “Cita a ciegas”, 1987, con Bruce Willis y Kim Basinger) lo cierto es que el último gran film de Blake Edwards, el que fuese director de clásicos de la comedia como “Desayuno con diamantes” (1961) o “El guateque” (1968), fue este desenfadado y divertido recital de enredos, canciones y travestismo que se convirtió en uno de los últimos musicales hollywoodienses de éxito (con puntuales excepciones, eso si). Armado con un argumento de ‘screwball comedy’ (basado en un popular film alemán de los años 30) y una banda sonora que muestra su amor por el cabaret y el vodevil; Edwards utiliza la ambigüedad sexual como columna vertebral de este ameno juego de confusiones, malentendidos, engaños y alborotos, repleto de tronchantes secundarios (el camarero, el guardaespaldas, …) y situaciones disparatadas.

En el París de los años 30, Victoria (Julie Andrews, esposa de Edwards) es una actriz en paro que, ayudada por ‘Toddy’ (Robert Preston), fingirá ser un hombre travestido para poder cantar. Pero en su camino se cruzará el empresario King Marchand (James Garner).

Amparado en un excelente reparto lleno de caras conocidas, una encantadora ambientación (tanto los decorados como el vestuario obtuvieron nominaciones al Oscar) y la siempre destacable música de Henry Mancini (que logró su cuarto Oscar, todos en films de Blake Edwards); el creador de la saga iniciada con “La pantera rosa” (1963) escribe, dirige y produce consiguió su única nominación al Oscar (recivió el galardón honorífico en 2004) con este elegante festival de humor y música que pone en entredicho los roles de género con un tono festivo pero eficaz. Y es que “¿Víctor o Victoria?” no es solo un entretenimiento con aires clásicos ambientado en el bohemio París de los años 30, sino que también presenta personajes homosexuales que trascienden el mero papel de secundario afectado y chillón (rol habitual en la comedia, no solo antes de los 80); lo que imprime a la película una calidez y una veracidad por encima de producciones similares.


– Para coleccionistas de las mejores comedias musicales.

– Imprescindible para los que solo conocen a Julie Andrews por sus papeles de los 60.

 

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