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Al igual que había pasado en otras décadas con otros géneros (como el cine de terror en los años 30), el ocaso de la época dorada del cine del oeste propició su hibridación con el cine fantástico (“El valle de Gwangi”, 1969), el musical (“La leyenda de la ciudad sin nombre”, 1969) o la comedia, del cual es un buen ejemplo “La batalla de las colinas del whisky”; una divertida epopeya por las planicies de Nuevo México que ponía los tópicos habituales del western (caravanas, indios, la caballería, …) al servicio de una ambiciosa comedia al estilo de la exitosa “El mundo está loco, loco, loco” (1963): una trama disparatada y enrevesada, numerosas caras conocidas, larga duración, … Tras las cámaras estaba un experto en el salvaje oeste poco prodigado en el humor: John Sturges (“Duelo de titanes”, 1957, “El último tren a Gun Hill”, 1959, o “Los siete magníficos”, 1960); que aseguraba una vibrante puesta en escena y una profesionalidad digna del cine clásico hollywoodiense.

En 1867, el coronel Thadeus Gearhart (Burt Lancaster) deberá conducir una caravana cargada de whisky a la ‘sedienta’ ciudad de Denver. Por el camino descubrirá que hay mucha más gente interesada en su cargamento.

“La batalla de las colinas del whisky” es una entretenida y caricaturesca sátira social (donde no falta acción, tiroteos y persecuciones) que hace un recorrido por diversos estereotipos presentes en el cine del oeste, configurando un retrato de los EE.UU. (y por extensión del mundo occidental) amablemente crítico; donde se explora temas como la ambición o el puritanismo a través de sus orígenes históricos. A pesar de su metraje excesivo (más de dos horas y media), hay en esta alegre y polvorienta comedia para toda la familia elementos suficientes para pasar un buen rato: la épica y festiva banda sonora del mítico Elmer Bernstein, el trabajo de iluminación del triplemente oscarizado Robert Surtees (“Ben-Hur”, 1960), algunos secundarios imprescindibles (Donald Pleasence, Martin Landau, …) que nos dejan varias secuencias para el recuerdo (como la del oráculo), …


– Para los que siempre han creído que el western es demasiado serio.

– Imprescindible para los que saben que se puede hacer cine para toda la familia con el whisky como ‘leit motiv’.

 

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