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Habiendo demostrado su amor por el terror y el suspense en la mítica serie “Historias para no dormir” (1966-82) y antes de que el monumental éxito del concurso “Un, dos, tres… responda otra vez” (1972-2004) cambiase el rumbo de su carrera; Narciso Ibáñez Serrador (“¿Quién puede matar a un niño?”, 1976) debutó en el cine con esta magnífica muestra de horror gótico que supuso una de las piezas fundacionales del ‘fantaterror’ español de los 70 (“La residencia” fue pionera en rodar en inglés para explotar el mercado internacional y fue el primer film patrio en mostrar asesinatos explícitos). Y es que además de su ser un envidiable ejercicio de intriga, crímenes y creación de atmósferas, Ibáñez Serrador dota a esta opresiva historia de represión sexual y educación estricta de una profundidad y un trasfondo que, evitando la censura de la época, constituía una aguda metáfora de las imposiciones morales del régimen dictatorial franquista.

A finales del siglo XIX, Teresa (Cristina Galbó) es una joven que llega a una residencia francesa para señoritas. Dirigida con severidad y crueldad por Madame Fourneau (Lilli Palmer), en la residencia se alojan chicas problemáticas.

Con su claustrofóbica puesta en escena y una realización que se miraba en clásicos del género (de Georges Franju a Alfred Hitchcock, pasando por la Hammer), Ibáñez Serrador demostró su habilidad narrativa y su conocimiento del lenguaje audiovisual (esos montajes paralelos cargados de significado); pero también hizo que “La residencia” atrajese la atención de un país ansioso de terror, erotismo y violencia, resultando un enorme éxito de taquilla (recaudando 45 millones de pesetas en las primeras seis semanas) y marcando a futuros cineastas. Ibáñez Serrador supo hacer buen cine comercial (hoy día es un film de culto apreciado internacionalmente) repleto de referencias y mensajes subliminales; uniendo morbo, psicología, lesbianismo, tortura y sadismo, y aderezándolo todo con la inquietante melodía de Waldo de los Ríos o su subyugante ambientación (gran trabajo de Ramiro Gómez).


– Para los que echan de menos el buen terror gótico.

– Imprescindible para interesados en la historia del cine de terror español.

 

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