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Inspirada en sus propias experiencias y pensamientos (aunque no estrictamente en sus vidas), “Mi cena con André” consiste en la conversación mantenida durante una cena por los actores/escritores Wallace Shaw (inolvidable como Vizzini en “La princesa prometida”, 1987) y Andre Gregory (que debutaba en el cine, luego lo veríamos como secundario en “Las costa de los mosquitos”, 1986, o “La última tentación de Cristo”, 1988); sencilla premisa que puede parecer excesivamente limitada pero que resulta el medio perfecto para tratar ciertos temas más o menos trascendentales desde el punto de vista de la ‘intelectualidad’ artística neoyorquina de los años 70. Con una estructura casi de monólogo (dos monólogos, para ser exactos) y sin afán de adoctrinar o moralizar, “Mi cena con André” es una original e inteligente reflexión sobre cómo debemos vivir la vida, sobre las diferentes maneras de entenderla y cómo éstas, más que ser excluyentes, son complementarias.

Wally (Wallace Shaw) es un dramaturgo que intenta sobrevivir económicamente en Nueva York y que se reúne en un caro restaurante con un amigo al que hace tiempo que no ve (Andre Gregory) y del cual ha oído cosas un tanto excéntricas.

A pesar de que fue concebida para ser una obra de teatro, “Mi cena con André” llegó a rodarse antes de que se estrenase en los escenarios (en parte gracias al interés del prestigioso realizador francés Louis Malle: “Ascensor para el cadalso”, 1958, “Un soplo en el corazón”, 1971, o “Adiós, muchachos”, 1987); convirtiéndose en un hito del ‘cine de autor’ para la generación que creció en los videoclubs de los 80 con la Amblin y la Cannon. Durante casi dos horas de metraje, mientras se suceden los platos, Shaw y Gregory hablan sobre el arte, el amor y la muerte enfrentando sus roles contrapuestos (el universal duelo entre racionalismo e idealismo) para descubrir que las cosas no siempre son lo que parecen, que la realidad no es absoluta, para establecer un complejo diálogo entre el acomodo y el inconformismo, entre el cinismo y el romanticismo, entre el pragmatismo y la experimentación.


– Para los que saben que el cine de los 80 no sólo era espectáculo.

– Imprescindible para interesados en el ‘cine conversacional’.

 

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