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Como muchos de los directores criados en el seno del cine independiente de los 90 (Kevin Smith, Gus Van Sant o Steven Soderbergh), Richard Linklater ha compaginado producciones comerciales (“Escuela de Rock”, 2003) con obras con más calado autoral; demostrando con films como “Movida del 76” (1993) o la trilogía ‘antes de…’ (“Antes de amanecer”, 2006, “Antes del atardecer”, 2004, y “Antes del anochecer”, 2013) su interés por la difícil transición al mundo adulto y por el paso del tiempo y sus implicaciones. Con “Boyhood”, el director tejano profundiza en estos dos temas con un drama sobre la pérdida de la inocencia, poniendo un rodaje épicamente prolongado (de 2002 a 2013) al servicio de una historia íntima que no solo nos habla de la infancia, sino también de la maternidad/paternidad, las relaciones sentimentales y del siempre complicado equilibrio entre lo que esperamos de la vida y lo que termina siendo.

El film sigue las vivencias de Mason (Ellar Coltrane) desde los seis a los 18 años. Mason tiene que combinar su complicada vida familiar (sus padres, unos estupendos Patricia Arquette & Ethan Hawke, están divorciados) con las nuevas experiencias que van surgiendo.

Con la fundamental complicidad de unos protagonistas sometidos al peso de los años sin necesidad de efectos de maquillaje, Linklater teje un argumento cotidiano con ramificaciones trascendentales con las que todos podemos empatizar. Su atmófera confeccionada a base de una luminosa fotografía y algunos de los grandes éxitos de la música alternativa de la época (The Hives, Wilco, Arcade Fire, …); sirve a Linklater para imprimir una autenticidad conmovedora a la narración y a los personajes, a la vez que demuestra su buen hacer con respecto a la puesta en escena (esos planos secuencia que ya son marca de la casa). A través de sus diálogos y sus imágenes, “Boyhood” también es un recorrido por los gustos musicales y cinematográficos de su autor (repleto de referencias y guiños), por la fotografía (que funciona como metáfora de su realismo) y el arte de mostrar el mundo con la máxima fidelidad posible.


– Para amantes de las historias ‘coming of age’.

– Imprescindible para interesados en insólitos ejercicios técnicos.

 

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