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Con su cuarto largometraje (tras las apreciables “Heaven Knows What”, 2014, y, sobre todo, “Good Time”, 2017) los hermanos Safdie se convirtieron en la gran promesa del nuevo cine negro; desarrollando con originalidad y personalidad historias de ‘perdedores-en-busca-de-su-última-oportunidad’ como este excelente thriller criminal, donde un omnipresente Adam Sandler demuestra que es capaz de mantener la atención del espectador durante más de dos horas sin necesidad de hace el payaso. “Diamantes en bruto” es un drama divertido y contundente que profundiza con ironía y crueldad en el típico ‘mcguffin’ del ‘gran-golpe-con-el-que-retirarse’; regalándonos un recital de puesta en escena (los primeros planos, los movimientos de cámara, …) y de giros de guión, con una narración tensa y a veces vertiginosa que provoca en el espectador un creciente estado de ansiedad.

Howard Ratner (Adam Sandler) es un joyero amante del juego que debe una gran cantidad de dinero. Pero la suerte parece haber cambiado cuando consigue un ópalo negro por el que cree que puede sacar un millón de dólares. Pero la llegada a su tienda del jugador de baloncesto Kevin Garnett lo trastocará todo.

La apagada y áspera fotografía de Darius Khondji (entre Edward Hopper y el cine policíaco de los 70) y la inquietante banda sonora del compositor de música electrónica experimental Daniel Lopatin fomentan una atmósfera opresiva (que nos lleva a un clímax explosivo) que junto con la interpretación de Sandler termina siendo una de las grandes bazas del film. Y es que tal vez “Diamantes en bruto” sea un compendio de fórmulas, un collage de historias similares, pero también es un hábil ejercicio de dosificación y suspense, una tragedia urbana con moraleja, una efectiva caracterización psicológica de los personajes y un agridulce retrato del mundo de las joyerías ilegales (en pleno distrito neoyorquino de los diamantes); confeccionada además con espíritu posmoderno (más que revisionista), con su buen puñado de referencias a la cultura popular, personajes reales interpretándose a sí mismos, …


– Para coleccionistas de sólidos thrillers agridulces.

– Imprescindible para los que no sepan como dejar de odiar a Adam Sandler.

 

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