CINEBLOG.NET

 

Durante cinco décadas de carrera, John Wayne actuó en casi un centenar de westerns; en obras maestras para John Ford (“Centauros del desierto”, 1956) o Howard Hawks (“Río Bravo”, 1959), en decenas de series B (sobre todo en los años 30) y en un buen puñado de estupendas películas que sin ser perfectas sabían dignificar un género tan plagado de tópicos y lugares comunes como el cine del oeste. En este último grupo podemos encontrar entretenimientos de primera como su debut en la dirección (“El Álamo”, 1960), sus trabajos con Andrew V. McLaglen (como “El gran McLintock”, 1963) o este carismático y dramático western donde la figura del ‘héroe rudo y noble, protector de los débiles’ sirve para desarrollar temas tan poco habituales en la época como la necesidad de respetar a los indios, sus pueblos y sus tradiciones; sin olvidar su condición de cine comercial, aderezado con sus dosis justas de humor, romance y acción.

Hondo Lane (John Wayne) es un correo de la caballería durante las Guerras Apaches (1849-86) que llega a una granja remota, donde vive una mujer (Geraldine Page) con su hijo, esperando que su marido vuelva de la guerra.

Como todo actor/productor, Wayne puso al frente del proyecto a un realizador sin personalidad pero con profesionalidad, el especialista en cine de género John Farrow (“Mil ojos tiene la noche”, 1948, o “El reloj asesino”, 1948). No tan acertada parecía la decisión de rodar el film en 3-D, que en aquella época pasaba por su ‘Golden Era’ (con grandes éxitos como “Los crímenes del museo de cera”, 1953); lo que termina revirtiendo en una bella contemplación de los áridos paisajes de Arizona (y del desierto de Chihuahua), elevando el interés de la película para cualquiera que la vea en su versión convencional. Todo redondeado con unos impagables secundarios característicos del western (Ward Bond, James Arness, …), un soberbio trabajo de fotografía (de Robert Burks, oscarizado por “Atrapa a un ladrón”, 1955) y una banda sonora épica y emocionante (de Hugo Friedhofer, oscarizado por “Los mejores años de nuestra vida”, 1946).


– Para amantes del western clásico.

– Imprescindible para interesados en la evolución del cine del oeste.

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies