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Siendo admirador confeso del cine de Ingmar Bergman o las obras de Anton Chéjov y respaldado por el gran éxito cosechado por “Annie Hall” (1977); Woody Allen dio un paso más allá en su carrera, sorprendiendo a los que ya disfrutaban de su vis cómica, con este intenso melodrama (género al que no velvería hasta “September”, 1987, u “Otra mujer”, 1988) donde profundiza en temas habituales en la filmografía bergmaniana como la muerte, la angustia existencial, la soledad o la dificultad de compaginar las relaciones humanas y la salud emocional. Los gélidos colores apagados de la iluminación del gran Gordon Willis (“Zelig”, 1983), sobre esos escenarios, tan fríos y asépticos como modernos (con referencias pictóricas a Edward Hopper o Francis Bacon), resulta un escenario idóneo para que un buen puñado de excelentes intérpretes desarrollen la versión alleniana de una familia culta y disfuncional.

El film nos presenta a tres hermanas (Diane Keaton, Kristin Griffith y Mary Beth Hurt) que han de enfrentarse a la separación de sus padres, debido en parte al comportamiento de su madre (Geraldine Page).

“Interiores” provocó cierto rechazo en el momento de su estreno y no faltó quien acusó a Allen de plagiar al maestro sueco, de meterse en terrenos que no conocía o de hacer un film frío y vacío; pero el tiempo ha ayudado a apreciar la complejidad y las cualidades de esta historia femenina, pero de reminiscencias universales, que si bien no es perfecta si que ayudó a corroborar que Woody Allen no solo sabía idear divertidos gags y diálogos cáusticos, sino que además podía convertirse en uno de los grandes cineastas de su época. Allen (que por primera vez, no aparecía como actor) supo desarrollar y exponer con elegancia y claridad una serie de ideas que, al menos indirectamente, tenían que ver con las propias ansiedades e intereses del cineasta (la imposibilidad de expresarse emocionalmente, la influencia de la relación entre tus padres, …); pero no consigue la excelencia de obras en las que se mira, como “Gritos y susurros” (1972). No obstante es una excelente imitación.


– Para los que odien las comedias de Woody Allen.

– Imprescindible para analistas de los recovecos de las emociones humanas.

 

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