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Cuando la producción de cortos se desplomó a finales de los 50 con la llegada de la televisión, el hasta entonces animador Wolfgang Reitherman comenzó a ganar posiciones dentro de la producción de largometrajes, convirtiéndose en uno de los grandes directores de la época de transición de la casa Disney tras la muerte de su fundador (Walt Disney murió en 1966). Reitherman estuvo al frente de clásicos como “Merlín el encantador” (1963), “El libro de la selva” (1967), “Robin Hood” (1973) o “Los aristogatos”, una agradable comedia de aventuras para toda la familia que se mueve a ritmo de jazz y canción francesa (contando además con las voces de los míticos Scatman Crothers y Maurice Chevalier, que abandonó su retiro para cantar el tema principal de la película: ‘The Aristocats’, compusto por los hermanos Sherman). No es una de las grandes obras maestras de la Disney, pero si que es un entrañable entretenimiento, ejemplo de la libertad creativa (y la reducción de costes) que marcó la ‘etapa oscura’ del estudio.

En el París de 1910, una refinada gata llamada Duquesa (Eva Gabor) tendrá que confiar en O’Malley (Phil Harris), un desvergonzado gato callejero, para volver a su casa.

A pesar de que en aquella época los presupuestos eran más escasos en la Disney (se aprovechaban recursos de otras películas, …), en “Los aristogatos” se reunió el talento de algunos de los grandes animadores de la historia (Milt Kahl, John Lounsbery, Frank Thomad, Ollie Johnston, …); logrando unas magníficas caracterizaciones (a lo que también ayuda una buena elección de voces, con nombres habituales del estudio como Phil Harris o Sterling Holloway), una colorida recreación de la ciudad de las luces de la mano del legendario Ken Anderson (que ya se había ocupado del Londres de “101 dálmatas”, 1961, y del idealizado medievo de “La bella durmiente”, 1959) y un ritmo ágil que irritará a los detractores de las ‘historias blancas’, pero hará pasar un buen rato a los demás con sus persecuciones, golpes y equívocos, con sus divertidos personajes secundarios y con falta de pretensiones.


– Para amantes del cine de animación para todos los públicos.

– Imprescindible para entender la historia del Imperio Disney.

 

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