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Antes de convertirse en el prototipo de cínico antihéroe del cine negro con sus roles de detective privado (“El halcón maltés”, 1941) o aventurero de pasado turbio (“Tener y no tener”, 1944); Humphrey Bogart había adquirido popularidad en multitud de papeles de gangster, durante la década de los 30, donde a menudo (según sus propias palabras) era tiroteado, electrocutado, ahorcado o, como poco, encerrado en la cárcel. Repitiendo un papel que ya había interpretado con éxito en el Broadway, Bogart logró su primer gran papel gracias a “El bosque petrificado” (y a la insistencia de su amigo Leslie Howard): un contundente thriller psicológico de rehenes y criminales a la fuga, enmarcado en un alegórico escenario (el Parque nacional del Bosque Petrificado, en Arizona, como metáfora de los desolados EE.UU. de los años 30), que tiene en su inteligente guión y en unas excelentes actuaciones sus mejores bazas.

En un área de servicio en las profundidades de Arizona coinciden una serie de heterogéneos personajes: un escritor fracasado (Leslie Howard), la familia Maple o Duke Mantee (Humphrey Bogart) y su banda, que tomarán a todos como rehenes.

Dirigida por el competente, pero poco arriesgado, Archie Mayo (“Svengali”, 1931, “La legión negra”, 1937, o “Una noche en Casablanca”, 1946), “El bosque petrificado” no se molesta mucho en ocultar su origen teatral (la obra de Robert E. Sherwood, que ganaría un Oscar por el guión de “Los mejores años de nuestra vida”, 1946); lo cual no importa cuando puedes disfrutar con su habilidad para perfilar y confrontar a los personajes, su condición de melodrama claustrofóbico, sus agudos diálogos o su interés por buscar el lado poético del argumento. Aunque busca alejarse del cine negro más canónico (con sus retratos psicológicos, sus historias dramáticas y su concepción situacional), como otras muestras del género en los años 30, “El bosque petrificado” también contiene una crítica social en torno al estado económico, moral y político durante la Gran Depresión, mostrando a diversas clases sociales unidas por la delincuencia y el destino.


– Para interesados en el cine de la Gran Depresión.

– Imprescindible para coleccionistas de thrillers situacionales.

 

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