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Aunque la premisa argumental haya sido ya expoliada (dinosaurios huyendo de la extinción) en multitud de secuelas para el mercado doméstico (catorce hasta la fecha), una serie, copias con ínfulas de trascendencia (“Dinosaurio”, 2000) y diversos hermanos bastardos (“La edad de hielo”, 2002); esta divertida comedia de aventuras para toda la familia sigue siendo una pieza fundamental del cine de animación ochentero y, en general, de la industria cinematográfica de la década. Con “En busca del valle encantado”, Don Bluth (“Nimh: El mundo secreto de la señora Brisby”, 1982, “Anastasia”, 1997) volvía a asociarse con Steven Spielberg (tras el éxito de “Fievel y el Nuevo mundo”, 1986) y se confirmaba como la mejor alternativa al monopolio Disney de la animación comercial (estudio donde Bluth había aprendido el oficio), demostrando su talento como realizador, productor y diseñador.

El film nos cuenta la historia de Piececito, un pequeño apatosaurus que ha de emprender un peligroso viaje para encontrar el Gran Valle, un lugar paradisíaco con agua y alimento de sobra. Junto a el viajarán también otros pequeños dinosaurios.

Con varias producciones de su rival como referencia (la idea era hacer una especie de “Bambi”, 1942, y se cita como influencia el segmento prehistórico de “Fantasía”, 1940), los guionistas de “Barrio Sésamo”, Judy Freudberg y Tony Geiss lograron una historia con personalidad propia. Tal vez puede parecer demasiado cursi para el espectador más serio, pero Bluth y compañía lograron un entretenimiento entrañable, tanto para nostálgicos como para jóvenes amantes de los dinosaurios; un film de ‘pérdida de la inocencia’ y respeto por la Naturaleza repleto de buenos sentimientos que aboga por la integración de las diferentes ‘especies’. El adorado James Horner se ocupó de lo épico con su banda sonora (incluída la canción central interpretada por Diana Ross: ‘If we hold on together’); y un magnífico plantel de artistas (de los storyboards de Bluth al poster de Drew Struzan) y centenares de animadores le dieron su inolvidable aspecto, su colorido y su movimiento.


– Para amantes de la animación tradicional para todos los públicos.

– Imprescindible para acercarse a la filmografía del maestro Don Bluth.

 

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