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La ascendente carrera de Sigourney Weaver (con éxitos de taquilla como “Alien, el octavo pasajero”, 1979, o “Los Cazafantasmas”, 1984, y prestigiosos trabajos de autor como “El año que vivimos peligrosamente”, 1982) alcanzó su cima de popularidad y reconocimiento en 1988; año en que logró una doble nominación al Oscar (ya había logrado tal honor por “Aliens, el regreso”, 1986): por un lado como secundaria en la comedia romántica “Armas de mujer” y por otro con este entretenido, didáctico y emotivo biopic que nos acerca a ciertas cuestiones socio-ecológicas más allá del atractivo hipnótico de los gorilas. Aunque sea desde un punto de vista meramente hollywoodiense, “Gorilas en la niebla” sabe combinar un mensaje ecologista, perdurable y relevante, con un buen desarrollo dramático y de personajes; configurando una afectuosa historia de heroísmo, de David contra Goliath, de defensa de la Naturaleza.

A finales de los 60, Dian Fossey (Sigourney Weaver) se traslada al Congo para estudiar y catalogar a los gorilas de montaña. Poco a poco Dian entablará una relación con los primates más allá de la mera investigación.

El sólido pero impersonal Michael Apted (“Quiero ser libre”, 1980, “El mundo nunca es suficiente”, 1999, o “Persiguiendo Mavericks”, 2012) cumple su trabajo con corrección; dejando la excelencia a las selvas africanas iluminadas por el australiano John Seale (“Mad Max: Furia en la carretera”, 2015), a la épica nostálgica de la composición del legendario Maurice Jarre (“Lawrence de Arabia”, 1962) o al magnífico trabajo del maestro del látex Rick Baker (“Un hombre lobo americano en Londres”, 1981) dando vida a los gorilas. A pesar de que los más entendidos en la vida de la naturalista citicaron que el film banalizaba la personalidad de Dian Fossey (limando su carácter radical y excéntrico para que más público pudiese empatizar con el personaje), “Gorilas en la niebla” se ha convertido en uno de los más reconocibles iconos del cine ecologista, dando a conocer al mundo la historia de Fossey y acercándolo a esos gorilas de montaña tan cercanos a la humanidad.


– Para los que no tienen bastante con los documentales de National Geographic.

– Imprescindible para cinéfilos interesados en mártires ecologistas.

 

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