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A pesar de que siempre se le ha tachado de no tener muchos registros, lo cierto es que Clint Eastwood ya demostró en su primeros momentos que no le importaba salirse de su papel habitual y probar sus diversos talentos, lo que lo llevó a films como el musical “La leyenda de la ciudad sin nombre” (1969), el thriller urbano “Escalofrío en la noche” (1971) o “El seductor”, un sugerente drama con trasfondo bélico, sensual e intimista, que explotaba el lado más sexual del rudo actor. Don Siegel (“La invasión de los ladrones de cuerpos”, 1956, “Harry el Sucio”, 1971, o “Fuga de Alcatráz”, 1979) fue el primer director en confiar en Eastwood (con “La jungla humana”, 1968) tras la ‘Trilogía del Dólar’ y aquí demostraba no ser solo un realizador vibrante y violento, sino que también sabía manejarse con una trama (basada en una novela de Thomas Cullinan) que profundiza en los personajes y las relaciones entre estos, con afán intrigante y alegórico.

En 1863, durante la Guerra de Secesión, el soldado de la Unión John McBurney (Clint Eastwood) resulta herido y es ayudado por una joven que lo refugia en un colegio para chicas. Pronto comenzarán a surgir la pasiones reprimidas.

Más cercana al melodrama simbólico y crispado que al western psicológico, “El seductor” no tuvo la acogida esperada en el momento de su estreno, pero su condición de rareza, su enfermiza y sugestiva atmósfera (con esa iluminación lujuriosamente oscura, del estéticamente setentero Bruce Surtees), su ambigüedad moral y su carismático (y no menos ambiguo) protagonista, terminaron por convertirla en una venerada obra de culto. Siegel se acercó como nunca antes en su carrera (marcada por el cine criminal y de acción) al cine artístico, experimentando con el tono (de perverso juego sexual), la narración (flashbacks, sueños, …), los personajes (con numerosos roles femeninos), la estética (de gótico sureño), los simbolismos o la puesta en escena. Cínco décadas después, Sofía Coppola rodaría una nueva versión (“La seducción”, 2017) con Colin Farrell en el papel de Eastwood.


– Para conocer a un Clint Eastwood diferente.

– Imprescindible para apreciar mejor al artesano Don Siegel.

 

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