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Aunque el gusto de Guillermo del Toro por los monstruos clásicos siempre había estado presente en sus películas (desde los vampiros de “Cronos”, 1993, a las criaturas de “El laberinto del fauno”, 2006, o “Pacific Rim”, 2013), fue en “La forma del agua” donde, de una manera más redonda, desarrolló su particular revisitación de los códigos tradicionales del género. Del Toro inserta con habilidad una sensible historia entre el drama intimista y el romance imposible en un argumento de ciencia-ficción (¿o fantasía?) que se mira en “La mujer y el monstruo” (1954); marco perfecto donde jugar con elementos reconocibles de su universo fílmico (instalaciones secretas, criptozoología, numerosos guiños cinéfilos, …). “La forma del agua” se aleja de lo edulcorado sin querer ser una propuesta radical y controvertida, en un atractivo equilibrio que vuelve a demostrar la habilidad del realizador mexicano para hacer cine comercial, personal e inteligente.

Elisa Esposito (Sally Hawkins) trabaja como limpiadora en un laboratorio secreto del gobierno durante los años 60. Un día traen una extraña criatura acuática encontrada en sudamérica (Doug Jones).

La elección de la Guerra Fría (la carrera espacial, la amenaza comunista) como trasfondo y el estupendo plantel de personajes secundarios (como los interpretados por Richard Jenkins, Octavia Spencer o Michael Stuhlbarg) hacen de esta ‘monster movie’ romántica una oda a la diferencia, una nueva celebración cinematográfica de la singularidad y la rareza; mostrándonos con sensibilidad la soledad o la represión que conlleva ser diferente. Pero además “La forma del agua” es una estimulante propuesta estética (del magnífico diseño de producción a la partitura de Alexandre Desplat), que nos sumerge en un mundo húmedo y oscuro, claustrofóbico y paranoico, minuciosamente creado. Todo ello convirtió el film en un enorme éxito que culminó en cuatro Oscars, incluídos Mejor Película y Mejor Dirección (del Toro se convirtió en el tercer director mexicano en lograr el galardón en solo cinco años, tras Alfonso Cuarón y Alejandro G. Iñárritu).


– Para los que saben que en el cine fantástico también hay lugar para las historias humanas.

– Imprescindible para entender el cine de Guillermo del Toro.

 

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