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El cine de explotación europeo de los 70 y 80 alcanzó diversos logros que lo convirtieron en un perfecto caldo de cultivo para clásicos de culto de la serie B, dentro de géneros como el cine de acción, ciencia-ficción o terror. Uno de esos grandes hitos fue (por mucho que pesase a George A. Romero) adoptar, y adaptar, el cine de zombies que tan buenos resultados había dado con presupuestos ínfimos (“La noche de los muertos vivientes”, 1968). El veterano realizador y guionista Lucio Fulci (“El más allá”, 1981), que hasta entonces había alcanzado sus mejores trabajos con spaghetti westerns (“Las pistolas cantaron la muerte”, 1966) y thrillers criminales adscritos al ‘giallo italiano’ (“Angustia de silencio”, 1972), fue el encargado de dirigir esta curiosa y efectiva muestra de cine de terror zombie aderezado con gore (esos icónicos y excesivos efectos de maquillaje de Giannetto De Rossi), humor negro, realismo sucio y ritos haitianos.

Tras llegar a Nueva York un barco donde se encuentra un zombi, Anne Bowles (Tisa Farrow) iniciará junto a un periodista (Ian McCulloch) la búsqueda de su padre, al cual pertenecía el barco.

A pesar de que intentó venderse como una secuela de “Zombi” (1978) y de que se hizo mucho hincapié publicitario (con ese engañoso título en español) en los muertos vivientes por las calle de la Gran Manzana; lo cierto es que “Nueva York bajo el terror de los zombi” se desmarcaba del clásico de Romero volviendo a las raíces cinematográficas de “La legión de los hombres sin alma” (1932) o “Yo anduve con un zombie” (1943) y sus referencias al vudú, además de sustituir el entorno urbano por una isla tropical. El film de Fulci dejó para la posteridad algunas secuencias atrevidas, violentas y cutres (como la del ojo y la astilla o la lucha contra el tiburón), la corroboración de que se podía hacer cine imaginativo y entretenido con pocos medios y una celebrada banda sonora a cargo de Fabio Frizzi y Giorgio Tucci. Su éxito provocó la aparición de numerosas secuelas bastardas (como “La invasión de los zombies atómicos”, 1980, o “Zombi Holocausto”, 1980).


– Para amantes, sin prejuicios estéticos, del cine de muertos vivientes.

– Imprescindible para asomarse al cine de explotación europeo de los 70.

 

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