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La primera película hablada del gran Fritz Lang (y la penúltima antes de huir de la Alemania nazi), tras obras maestras del cine mudo como "El doctor Mabuse" (1922) o "Metrópolis" (1927), fue este atrevido estudio expresionista sobre la obsesión sexual y la psicología de masas con un siniestro Peter Lorre simplemente inolvidable (tenía 27 años y era su primer papel con frase). El film demostraba el gusto de Fritz Lang en particular, y de todo el movimiento expresionista, por mostrar el lado más oscuro de la mente humana y la de la sociedad; ayudándose de una maestría narrativa incomparable, repleta de imágenes imborrables e ingeniosas sutilezas, nos sumergía de lleno en una historia cinematográficamente adelantada a su tiempo, en la que la poesía visual, el realismo más terrorísfico y el retrato psicológico se daban la mano. A principios de los años 30, la ciudad de Düsseldorf está siendo asediada por un misterioso asesino de niñas. La policía está irrumpiendo en todos los tugurios de la ciudad para dar con el, pero no da resultado. La mafia, acosada por la policía decide organizar su propia búsqueda y los ciudadanos también están alerta a cualquier suceso extraño. Peter Lorre es el desgraciado y perturbado protagonista de esta inquietante obra maestra que puede entenderse como una metáfora pesimista (y una crítica social) sobre el estado de Alemania en el periodo de entreguerras, tras la derrota en la I Guerra Mundial y poco antes del ascenso de Hitler al poder. El siempre inteligente Fritz Lang crea una atmósfera perturbadora y opresiva perfecta para los truculentos temas que trata gracias a un ingenioso uso del sonido (como la melodía que Lorre silva en varios momentos del film: 'In the Hall of the Mountain King' de Edvard Grieg) y la luz; y completa la trama (entre el terror y el mejor cine policíaco, con su detallada investigación y hasta su proceso judicial') con una crítica irónica tanto hacia las fuerzas del orden como al crimen