CINEBLOG.NET

Muchas son las cosas que convierten al díptico de "Iván el Terrible" (en realidad iba a ser una trilogía, pero Eisenstein murió antes de poder rodar la tercera parte) en una pieza fundamental del cine. Para empezar estamos ante el ambicioso testamento fílmico de uno de los grandes directores de la historia, considerado el padre del montaje moderno gracias "El acorazado Potemkin" (1925) u "Octubre" (1928). Por otro lado tenemos la polémica que la segunda parte provocó en la URSS: tras el éxito de la primera, que presentaba a Iván el Terrible como una especie de héroe trascendental; la segunda entrega mostraba al Zar Iván IV como un megalómano y paranoico dictador, lo que provocó la ira de Stalin, que pensó que aquello era una burla hacia él. Además el film es una gran superproducción soviética, con lo que nos encontraremos todo un prodigio técnico al servicio de una serie de simbologías complejas y profundas, todo ello aderezado por una banda sonora de, ni más ni menos que, Serguéi Prokófiev. Eisenstein maneja el material histórico con mano maestra, indagando en la historia del primer zar ruso relacionándolo inteligentemente con los movimientos comunistas: desde la paradojica exaltación de los valores de la revolución rusa a través de la forja del estado por parte del zar hasta la crítica hacia como la degradación de los ideales revolucionarios había llevado a la tiranía y la opresión del pueblo (que se ve plasmado en ese implacable comportamiento hacia esa conspiración de los boyardos de la segunda parte). Un soberbio juego de espejos, simbolismos y comparaciones semánticas y narrativas que convierte esta 'obra magna' inacabada en una de las cumbres del cine ruso.   - Para los que confíen en que el pasado sirve para entender el presente. - Imprescindible para los amantes de las grandes superproducciones de autor.   FOTO DE RODAJE