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A finales de los 60, con el auge imparable de la generación de las flores, el amor libre y el antibelicismo; el veterano autor y director teatral Joshua Logan (realizador poco prolífico pero que contaba ya en su haber con clásicos como "Picnic" con William Holden, 1955, "Bus Stop" con Marilyn Monroe, 1956, o "Sayonara" con Marlon Brando, 1957) nos regaló dos de los más iconoclastas y extraños musicales de la historia de Hollywood: por un lado el western "La leyenda de la ciudad sin nombre", 1969, con Lee Marvin y Clint Eastwood; y por otro "Camelot", una recargada adaptación del musical de Frederic Loewe y Alan Jay Lerner, sobre la leyenda del Rey Arturo y la Mesa Redonda, que aún deslumbra por su estética entre la pintura prerrafaelita y el Art Decó. La base del argumento es el triángulo amoroso entre Lancelot (Franco Nero), que se acaba de unir a los Caballeros de la Mesa Redonda, el Rey Arturo (Richard Harris) y Ginebra (Vanessa Redgrave), la esposa del Rey. La historia es contada por el Rey Arturo, el cual recuerda el auge y caída de los famosos caballeros. Aventuras, comedia, romance, magia y unas excelentes canciones (que ya anunciaban en 1960, fecha de estreno de la obra, los cambios de la década) se entremezclan en este disfrutable y fastuoso musical que tambien tiene hueco para el retrato social de la época, en el que la racionalidad y el aparente positivismo político con el que la 'civilización' se alejaba del salvajismo primitivo se vieron amenazados por la llegada de una generación que puso el amor, los sentimientos y la experiencia pura de la Naturaleza por delante de todo.   - Para amantes de los musicales inseparables de su época. - Imprescindible para sociólogos del arte con delirios de grandeza hippie.   FOTO DE RODAJE Vanessa Redgrave y su hija Joely Richardson en el set de "Camelot".   BANDA