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Dos de las filmografías más al margen de las modas hollywoodienses (la soviética y la cubana, compartían la ideología comunista, claro está), que a la vez pasaban por uno de sus mejores momentos gracias a directores como Andrei Tarkovsky ("La infancia de Iván", 1962) o Tomás Gutiérrez Alea ("Las doce sillas", 1962), unieron fuerzas para crear este retrato histórico de la Revolución Cubana; que más allá de ser un simple panfleto ideológico sobre las virtudes del comunismo frente al capitalismo, se erige como una bellísima apología cinematográfica de la independencia en forma de drama episódico. Y es que "Soy Cuba" es un drama lírico-realista en el que es fácil abstraerse del contenido político de su mensaje para dejarse llevar por alegórica trama, la belleza de sus imágenes, encuadres y coreografiados movimientos de cámara. Compuesta por cuatro episodios que nos muestran las miserias del pueblo cubano durante la dictadura de Batista a base de personajes bastante estereotipados en medio de un despliegue cinematográfico verdaderamente impresionante (esos influyentes planos largos que se pasean entre la gente, nos la muestra desde lejos y hasta se meten bajo el agua), "Yo soy Cuba" contrapone la pobreza de los cubanos con el lujo de los casinos para estadounidenses de La Habana o nos muestra escenas de represión estudiantil e intervencionismo yanqui; culminando en el momento de la Revolución liderada por Fidel Castro. El film resultó un fracaso en Cuba (donde la consideraron estereotipada) y en la URSS (donde la vieron demasiado simplista), por lo que cayó en el olvido hasta que en los años 90 cineastas como Martin Scorsese o Francis Ford Coppola descubrieron las proezas cinematográficas y el valor histórico de esta ambiciosa e innovadora joya del cine; poseedora de una serie de innovaciones técnicas que podrían haberla convertido en uno de los hitos del cine de la época (una primitiva SteadyCam, ...). Magnífica fotografía en blanco y negro de Sergey Urusevskiy que ya había trabajado con Mikhail Kalatozov en clásicos como "Cuando pasan las cigüeñas" (1957).   - Para amantes de las rarezas sin prejuicios ideológicos. -


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