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Y echando la vista atrás me doy cuenta de lo bueno y lo malo que tengo que cargar sobre mis espaldas, esas noches de despedidas en las que a lo largo de la noche van desapareciendo amigos, como engullidos por el vacío, esperando el tranvía pensando en las nubes, grandes y oscuras, asociando y experimentando, ciertamente nunca había pensado que “La leyenda del indomable” y “Brubaker” están dirigidas ambas por Stuart Rosenberg, uno de esos artesanos curtidos en la televisión. Rosenberg es un director de los 70, su carrera explora el género policíaco de nuevo cuño que surgía como una contestación realista al cine de gangsters de las décadas del clásico americano (se ha lucido con tipos bizarros al estilo de “Amor y balas” con Charles Bronson o “San Francisco, ciudad desnuda” con Walter Matthau). Es curioso que su carrera se pueda delimitar con estos dos títulos de genero carcelario que me vinieron en mente tratando de olvidar el adios, la extrañeza y el calor.

“La leyenda del indomable” (“Cool hand Luke”, 1967) es la primera pelicula de Rosenberg tras mas de 10 años como director televisivo (“Los intocables”, “The twilight zone”, “Rawhide” o “Los defensores”), además marca el inicio de una larga colaboración entre el director y Paul Newman (la mejor, tal vez sea “Con el agua al cuello”, la segunda entrega de las desventuras del investigador Harper), que aqui vuelve a lucirse en uno de los puntos algidos de su carrera. La historia de un hombre libre por naturaleza encerrado entre los barrotes de una sociedad que no se para a entender sino a categorizar, sirve de base para entender los tiempos en los que esta filmada, el guion (y el libro, por supuesto) de Donn Pearce (y el gran Frank Pierson, este calor siempre me trae a la cabeza “Tarde de perros”) se beneficia de ese espíritu positivo que la generación hippie se ocupo de propagar, un optimismo casi a ojos cerrados, “podrás romper mis huesos pero no encadenar mi mente”. Pero toda esa retahila de esloganes se difumino en los años 70, años de desencanto, años de comprobar el fracaso, la hipocresia y la poca etica que gasta frente a un fajo de billetes.

Yo tambien crezco y veo como todo se repite, como en realidad solo hay una docena de estructuras y se iteran en todos los ambitos, asi como la sociedad, nosotros tambien nos movemos por ciclos de ilusion y desencanto, de idealismo, iluminismo y racionalismo. El Robert Redford (abro su filmografia con Newman y la cierro con Redford, tambien aqui hay un bucle bastante obvio) de “Brubaker” (1980), no podia ser un idealista al uso, no podia ser ese buscador de la verdad y la libertad que era Luke, tras el cataclismo de los 70, el Brubaker del film homonimo es un racionalista empedernido, un hombre de accion con unas pautas morales muy rigidas, con las ideas muy claras sobre lo que es el bien y el mal, ya no existe el “haz el amor y no la guerra”, el protagonista de los 80 esta a favor de la guerra, de la guerra al malo, de la guerra al corrupto, al asesino y al insincero.

A decir verdad, me siento mucho mejor cuando, sentado en la acera, mirando los primeros rayos de luz del amanecer, pienso en que “Sed de poder” de Rosenberg y “Estirpe indomable” de Frank Pierson estan protagonizadas por un prometedor Eric Roberts, pienso en las caras que me hablan de los 70, y como algunas son parodias en los tiempos que corren. A veces pienso en el cine, pero la mayoria del tiempo la vida es lo que me hace reir y llorar, abrazar por ultima vez a alguien o reconocer un giño al anime japones en el cine de Tarkovski, aun tenemos tiempo de encontrar esos momentos en los que la vida y el cine se funden, y vosotros y yo no somos mas que renglones con arterias.

 

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