Wednesday, 6 de September, 2006 .
Si no me encuentro particularmente turbado hoy es porque anoche tomé algo que no suele fallar. Y me refiero a una buena dosis de cine de Jim Jarmusch, esa mezcla moderna entre Bresson, Melville y Chaplin. Después de mucho tiempo persiguiéndola, al fin ayer pude ver “Mystery trainâ€?, una delicia de 1989, en la que Jarmusch hace evolucionar ese paradigma suyo de la estética de la incomunicación, del detalle y el micro-acto como centro de historias tan cómicas como dramáticas, como la vida misma, vamos, sabiendo extraer lo que de trascendental tiene lo cotidiano entre imágenes que se te graban en la retina.
La indeleble versión que de “Mystery trainâ€? hizo Elvis Presley vertebra tres historias ambientadas en Memphis, un hotel regido por el mismásimo Screamin” Jay Hawkings (y con el coleguilla Cinqué Lee de botones, al que vimos precisamente en Memphis con su hermana gemela en uno de los cortos de “Coffee & cigarettesâ€?) sirve de lugar de reposo a todos los protagonistas y la voz prehistórica de Tom Waits (otro habitual del director) nos marca el final de cada uno de los episodios.
Una de las obsesiones más recurrentes de Jarmusch es oriente, Japón, para ser exactos (a destacar ese homenaje al cine de Melville que es “Ghost Dog: el camino del samuraiâ€? en la que pone la filosofía japonesa como guía de un robusto sicario interpretado por Forest Whitaker), y en el primer tramo de “Mystery trainâ€? tenemos a dos adolescentes japoneses que llegan a Memphis para ver Graceland y Sun Records, ella admira a Elvis, él prefiere a Carl Perkins. Con su mirada nihilista nos cuenta la ilusión y el desencanto, esas poses rockabillys en sus delgados y esbeltos cuerpos mientras pasean por un Memphis casi postnuclear nos remite a las experiencias primigenias, al vivir las cosas por primera vez, a esa juventud airada que todos hemos llevado dentro (y no necesariamente en nuestra juventud).
El segundo episodio también transita por paáses afines, si en el anterior era Japón ahora tenemos ante nosotros a Nicoletta Braschi representando a Italia (recordemos que es la mujer de Roberto Benigni, también habitual de los primeros films de Jarmusch, durante su estancia americana), paás en el que rodaría en la posterior “Noche en la Tierraâ€? (de nuevo film episódico, esta vez montamos en diversos taxis en Roma, Parás, Estocolmo o New York). La Braschi ha de permanecer en Memphis por la muerte de alguien cercano en éste, el episodio más flojo, cuento salpicado de fantasmas (de Elvis, claro está) y miedos.
Y, para terminar, tiene reservada a toda una figura del punk-rock como centro de una trama de crimen y problemas sociales. Joe Strummer (láder de The Clash) no tiene un buen día y acaba haciendo algo de lo que arrepentirse. El genial Steve Buscemi (también estaba en Memphis con los gemelos Lee contando una extraña historia del hermano gemelo de Elvis) es su cuñado, un barbero trasunto del yo-no-busco-los-problemas-me-caen-del-cielo que interpretaba hace un par de años Cary Grant. Algo de crática social, mucha mala leche, realismo esquemático, algo de acción y situaciones de comedia negra pura (de esas cuya risa no es jaja, ni jiji, sino ¡joder!) en el broche de una pelácula ya lejana en la filmografía del director de “Flores rotasâ€?.
Anticipándose a Tarantino, las historias se entrelazan, los sucesos intersecantes aparecen aquá y allá, pero no es lo importante la estructura, sino esa serenidad mágica que se ha convertido en marca de fábrica, esa impasibilidad del rockabilly nipón, como pasan el tiempo en la recepción del hotel o cómo conducen sin destino empinándose una botella de whisky, todo con la tranquilidad del que ya sabe que el mundo no se para, con la tranquilidad del que sabe que con estar aquá ya tenemos hecha la mitad del camino.
HAce unos días vi mystery train en clase, parece ser que a nadie le gustó pero yo estaba helada con la historia, la simplisidad del hilo conductor que fue transformandose en algo intenso, Jarmush despertó una posible musa para re escribir después de estar vegetando por algun tiempo, y Blue Moon fue un motor importante, este cine posmoderno de multiculturalismo y comedia negra es algo que te deja tan buen sabor de boca como un buen recuerdo de flashback vávido.
un saludo
Cómo poder conseguir esta cinta???? mandarme mail a cscalleja@yahoo.es gracias, chao
Lo grande de esta pelìcula està en su cercanìa al realismo (entièndase lo inverso a artificial) que logra siendo descaradamente cìnico y exagerado. En lejos de yokohama recordè lost in translation y la angustia y la dicha de tener por lo menos una persona de tu lado.
En mi clase tampoco gustò.