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Creo que no hace mucho que el divertidísimo (je, je) Jose Luis Garci nos regaló “Lenny”, esa obra maestra de Bob Fosse en la que se nos muestra la puta intolerancia americana, la censura en su estado puro, la imposibilidad de realizarte como persona y vivir libremente sin molestar a nadie en una sociedad tan suciamente hipócrita como la estadounidense, una oda a la libertad de expresión y al daño humano que su omisión ha creado.

Lenny Bruce nació y creció siendo un tipo gracioso, de esos que siempre hacen chistes más o menos graciosos, pero encontró su “leit motiv” en la crítica satírica hacia las desigualdades y las miserias que el Estado obligaba a sufrir, sobre todo, a los más indefensos. Esto lo llevó a un torbellino de juicios absurdos en los que se le acusaba de pronunciar palabras malsonantes en público (palabras como mamada o violación). El gran bohemio, Bob Fosse (que seguramente conoció personalmente a Lenny Bruce y se quedó prendado de aquella tristeza alegremente aderezada), supo imprimir a este biopic un ritmo agradable (ayudan los monólogos con los que intercala las acciones, dan ganas de pegar fuego a la patética serie “Seinfeld”) para contarnos la triste historia de este pionero de la “stand comedy”.

Lo de menos termina siendo la espiral de drogas y sexo que supuestamente llevó a la perdición a Bruce. A parte de algún apunte sobre su fracaso matrimonial debido a cierta obsesión referente al sexo, Bob Fosse no resulta moralista de ninguna manera, no nos cuenta que la droga lo convirtió en un infrahombre (aunque el número que hace en bata y colocado tiene un final algo pateticista) ni que sus prácticas sexuales los corrompieron. Se ocupa el director de que sepamos que fue la ley, esa justicia que nos empeñamos con identificar con el derecho de cada uno (es que somos tan idiotas que creemos que la justicia es perfecta), esa despreciable moral del American Way of Life. Tras la jeta de Lenny Bruce un inconmesurablemente sobreactuado (genial para la ocasión) Dustin Hoffman, en la cumbre de su carrera, sabe llevar sobre sus hombros todo el peso de un papel tan dificil como complejo, un papel con muchas aristas que Hoffman remata con su amplio registro de gestos varios y tics nerviosos. Valeri Perrine le da la réplica, un personaje triste que se convierte en el otro punto de inflexión en la vida de Lenny Bruce. Una vida triste, sin duda, una pena que America echara a perder a un tipo así por decir polla o follar en público, una vergüenza.

 

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